domingo, 21 de septiembre de 2008

Cuando una cabezota se da contra el cabecero.


Me despierto tosiendo, con los ojos anegados en lágrimas de un peculiar olor ahumado.

Entonces, como ecos de alguna voluta dispersa por el aire, le oigo. Como si hubiera tenido toda la noche una ensoñación en la punta de la lengua. La imagen es tan nítida que me estremezco.



Escúchame atentamente. No voy a dejar que te quemes.


Parpadeo en un intento de evitarme los pellizcos. No estoy dormida y lo sé. Definitivamente debo estar loca, no queda otra explicación razonable.

De repente siento algo rodeándome lentamente la mejilla. Segmentos de mi respiración que deciden por su cuenta bifurcarse de las exhalaciones para bordearla, agrupándose de un modo casi cómico sobre mi hombro. Entonces, cuando las bocanadas terminan de besarse en borrasca, vuelve a retumbar su voz con tanta claridad tras de mí que me habría girado de no saber que estaba apoyada en el cabecero de la cama.



Veo el fuego en tus ojos cuando me miras. Y no siento nada. Estoy frío.
Así que préstame atención. Me voy a alejar para siempre, no quiero correr el riesgo de que te sea imposible no acercarte a mí. Respirarme, tocarme. Te quedarías pegada al hielo.

Y tenlo presente, no pienso dejar que te quemes. No hay posibilidad de que me derritas.

3 comentarios:

Julia dijo...

brillante.
cuando los dolores y las complicaciones de alcoba nos inspiran...

un beso

mifuriaparanoica dijo...

"Tendremos que mirar hacie el cielo, con los pies extendidos sobre una manta, para evitar el vértigo que viene con la primera sensación de frío." :)

Yo tambien he estado ronroneando,arañando y curioseando por tu blog gatunamente y me siento como en casa dejando una bola de pelo.

Miau

BLIS dijo...

jejej, lo intentare, joteare el vocabulario como el que más
;)
Por cierto, me gusta mucho la foto que has metido de una gata pelirroja sobre un teclado
^_^