
La lavadora centrifuga de fondo. No quiere que sospeche que está de copas. Pero no es tonto, ha programado el lavado rápido. Situación delicada junto a las prendas. La conversación no puede durar más de veinte minutos, tiempo suficiente para que se le seque la espalda que chorrea apoyada en la secadora. Le gusta insinuarse desnudo. Y aunque no lo diga, lo presiento al otro lado. Como si el vello erizándose sin prendas que lo aplasten provocase algún tipo de sonido por lo bajo.
Miro mi cesto de la ropa sucia. No puede decirse que sea muy empático. Cómo va a sentirse vacío. El pelo me cae a mechones sobre la cara, aunque no la veo bien, medio empañado que continúa el cristal. Sólo a la mamá de Mafalda se le ocurre hacer sopa en verano, sólo a mí ducharme entonces con agua hirviendo. Por lo que se entrevé en la neblina, si lo que pretendía era escaldarme, no ha dado resultado. Acabaré con el cuerpo cosido. Como un dibujo de enlazar puntos, haré el tour de mis curvas con hilo a través de las ampollas.
Sigue con su perorata, aunque ya no distingo las palabras. Puesto el freno de mano en el móvil no habrá peligro de que se caiga. La almohadilla para que no se deslice no habría servido de mucho desde un quinto piso. Sin contar con que por lógica habría caído del lado opuesto, el de la margarina. Sobre una margarita para rizar el rizo. Se me están secando los bucles.
Le despido a sabiendas de que mañana no se acordará de su nombre. No sé si de forma voluntaria o no, ya que la bebida le incita a sacar a relucir sus trapos sucios. El cognac hace enemigos.
Yo me lavo las manos, con más grados de los necesarios. Siempre me deja fría.
Miro mi cesto de la ropa sucia. No puede decirse que sea muy empático. Cómo va a sentirse vacío. El pelo me cae a mechones sobre la cara, aunque no la veo bien, medio empañado que continúa el cristal. Sólo a la mamá de Mafalda se le ocurre hacer sopa en verano, sólo a mí ducharme entonces con agua hirviendo. Por lo que se entrevé en la neblina, si lo que pretendía era escaldarme, no ha dado resultado. Acabaré con el cuerpo cosido. Como un dibujo de enlazar puntos, haré el tour de mis curvas con hilo a través de las ampollas.
Sigue con su perorata, aunque ya no distingo las palabras. Puesto el freno de mano en el móvil no habrá peligro de que se caiga. La almohadilla para que no se deslice no habría servido de mucho desde un quinto piso. Sin contar con que por lógica habría caído del lado opuesto, el de la margarina. Sobre una margarita para rizar el rizo. Se me están secando los bucles.
Le despido a sabiendas de que mañana no se acordará de su nombre. No sé si de forma voluntaria o no, ya que la bebida le incita a sacar a relucir sus trapos sucios. El cognac hace enemigos.
Yo me lavo las manos, con más grados de los necesarios. Siempre me deja fría.

1 comentario:
Me han entrado ganas de ducharme. Además, me acabo de percatar que huelo mal.
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