lunes, 5 de abril de 2010


A veces siento que me provocas, como una musa con las manos largas. Me estimulas, y no puedo evitar responder. Es algo involuntario, aunque si se me dieran opciones seguiría diciendo que sí con el susurro que va antes de la repetición en grito. Sí, tú, evoco y se me pone la misma cara que si estuvieras mordiendo en el filo entre la espalda y el trasero. La piel de gata le da mil vueltas a la de gallina.




Lo recuerdo y me pongo, cierro los ojos y sin darme cuenta ya estoy haciendo la simulación en directo. No es que lo haga a propósito, pero con bastante frecuencia me viene nuestra imagen, obviando que desde mi posición sólo te podía ver a ti. El cerebro completa la escena de los trozos de mi pelo cayendo y los brazos en tus laterales. Y no avisa; si como la mesa se vuelve redonda para que no se nos claven las aristas, si me ducho el vaho es tu aliento por la mampara, si me tumbo en acto reflejo estiro los antebrazos con las palmas hacia arriba para recibir las dentelladas. Quiero más, repetir, reventar, tener que tomar sal de frutas junto con las de la bañera haciendo espuma.

Empieza la fantasía de las continuaciones, teniendo presente que no todo fue de anuncio, lo que lo hace más real, pero yo a lo mío un rato: prepara la iluminación, que las sábanas sepan de estrategia, el sonido alerta, y a rodar cabezas revolcándose a lo pan rallado y huevo. Se me hace la boca agua y entran los efectos añadidos, como un hilo de lluvia para empalmarlo todo y quizá una marsopa tocando el violín para romper la tensión un momento y cogerla con más ganas.

Podría acabar con tu sonrisa, que joder menuda sonrisa. Es de esas que nunca esperas y de repente te da de lleno, y te acaba pasando lo mismo que a todo el mundo quiera que no con los niños, que haces lo que sea para volver a verla, y hasta lo que no está en tu mano para provocarla. Inocente, pícara, socarrona, de bonachón perdido. A saber cuantos extremos más tiene, que a mí con que levantes uno ya me dejas encogida y dilatada.




Deja de alterarme las hormonas con medias tintas y entrelíneas. Mátalas del todo.

5 comentarios:

Julia dijo...

noo.. la jovenjovenjoven es otra persona que no soy yo, y no tiene que ver con la inmortal de mi prima del ultimo post.
pero las dos descripciones son verídicas.


por cierto, estoy empezando a sospechar cosas acerca de un posible culebrón cibernético entre no voy a decir quién... ^_^

Caos dijo...

Me encanta...y el final se me ha clavado como un cuchillo, ay!! las medias tintas, la cal y la arena, las cosas sin terminar...

saludos caóticos

Mónica dijo...

Me encanta, me encanta, me encanta!!!

Besos

Julia dijo...

que no mauuja, no te emparanoies que se te da demasiao bien..

Anónimo dijo...

no sé si acordarme de ese momento tan erótico donde una mesa redonda hubiera repetido el erotismo perfecto de mis 16 años

no pusiste la pierna pensaste desastre...