
- ¿Y esa cara?
- Por aquí andará, supongo que con la nariz un poco chafada y los mofletes ocupando parte del espacio de los ojos.
- ¿Podrías sacarla de entre las manos para hablarme?
- Ah, la eterna disputa entre el poder y el querer.
- Ya no me cuentas nada.
- Ni a ti ni a nadie.
- ¿Es que ya no te importo?
- ¿Acaso te acuerdas de por qué has empezado esta conversación?
- Estabas llorando.
- No quiero cambiar mi postura para resultarte más entendible, no pienso contarte nada y no me importas una mierda. ¿Puedo seguir con lo que estaba?
- Eres una borde.
- La próxima vez que me atropelle un coche llevaré guantes en el bolsillo para que no te manches de grasa.
- Ah, me he comprado unos de esos sin dedos, ¿te lo había dicho?
- Quiero estar sola.
- Bah, me piro, no hay quien te aguante, cuando quieras ser una persona normal ya sabes.
(Lo sé, claro que lo sé, pero NO ME DA LA GANA. A esto más que una forma discreta de decir sin decirlo, le llamaría disuasoria para no destapar prematuramente mi soberano cabreo. Descuida, te diré de forma clara a la cara que eres completamente gilipollas.)

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