miércoles, 23 de junio de 2010

No es la medusa del amor.


En cuanto empieza el calor la casa se llena de hormiguitas. No les importa si cierras las ventanas o si fumigas por todas partes con un aerosol como si quisieras sacarle los malos espíritus a una axila. Llega el calor y se instalan. Al principio sólo las distingues si te fijas en un punto en concreto, sin saber si es una mota más del dibujo del suelo o que alguien va perdiendo pupilas. A un par las pasas por alto, a fin de cuentas también haces de inquilino cuando vas a tumbarte a lo verde, pero luego ves otra encima de la mesa y ya no te hace tanta gracia si acabas de comerte un cacho de algo que se había resbalado del plato. Si cruje ya ni te cuento. Pero bueno, chuleta, hormiga... diferencias culturales nada más, venga, pase.

Cada vez reparas en más, y empiezas a aplastarlas con la yema del dedo, son tan pequeñas que no dan asco. Éstas son extrañamente rápidas, como te vean la línea blanca de la manicura salen escopetadas, aunque así se hace más divertida la caza menor. Entre que matas, en las trincheras o entre tus sábanas debe ser que copulan sin avisarte por mensaje de texto en los anuncios de la madrugada, porque es un no parar.

Lo malo viene con los grados que regulan que lleves pantalones o no toleres más que algo de ropa interior. Un picor y ahí tienes a una, trepándote la piel como si fueras una montaña de nata y fresa (véase tono de piel y cursilería de cada cual). Otro picor, otra hormiga. Hasta que se rompen las proporciones y rascas aquí y allá, y más allá, haya o no algo. Ah, te han llegado al cerebro.

Pero todo pasa, no que dejen de salir que aún queda mucho sudar sin sudadera, sino el delirio dermatozoico. Acaba el proceso con la aceptación.


(La gente me mira raro porque piensa que me paso el día haciendo pelotillas de mocos, pero si se acercan verán que son negras).

3 comentarios:

Isra dijo...

q imagen esa de tus manos de manicura cazando hormigas en ropa interior (tú, no las hormigas...) xD

Anónimo dijo...

Jamia, acabas de describir mi casa y mi vida en verano. ¿De donde salen esas puñeteras? ¿Por qué entran a mi cama cuando cometo el error de comer galletas de noche? ¿Por qué el truco del desodorante y el mechero no acaba con ellas?

Caos dijo...

Hormiguitas que pasean por casa...

a mí me pasean por dentro del alma.

:)