lunes, 24 de mayo de 2010


No van por ahí los tiros. Lo sabrás un segundo después, cuando llegue el dolor al mismo tiempo que la bala se incruste en la pared. Ten un pañuelo a mano, o anúdalo al cuello, pero no te lo recomiendo. Las tentaciones no suelen poder vencerse. Preferiría hacerlo con las manos, que sintieras la transpiración sobre tu sudor frío, y quizar provocar con mis yemas que quede a las claras quién ha sido. Para la posteridad, para prevenir antes de intentar curarse otro. Sembrar el miedo y comer pipas sin tener que forzar una risa malévola. Que todo lo que fluya lo haga sin grumos ni prisa. ¿Cinco horas? bueno, también puedo quedarme a esperar a las moscas si lo prefieres. Con las cascaras por el suelo llegará el punto entre la compasión y el regodeo. La venganza en salado.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No van por ahí los tiros. Lo sabrás un segundo después, cuando llegue el dolor al mismo tiempo que la bala se incruste en la pared.

je

los tiros van a la diana de mi corazón
y las moscas son las únicas que acarian mi piel en la cruel espera...

la venganza en salado

mmm los besos salados son mis preferidos

Dara dijo...

te traigo mucha agua para después.
(y un graznido de mi cuervo)

Unknown dijo...

Me gusta cuando le das vida a las letras.

Se suelen echar de menos.
Y a tu presencia sea como fuere.

¿Dónde fuimos?