jueves, 14 de enero de 2010


Me voy, me voy. No voy a dar decimas oportunidades, ni con unas de más de fiebre. Ya no quiero delirar ni ver lo que no hay. Me voy lejos, a decenas de millas, sin necesidad de millones de dinares.


Adiós, adiós a la estúpida que era, a la que seré y a la que soy. Prefiero despedirme de todas de una tacada que coger frío por ondear kleenex al ver pasar los trenes. Me voy de este lugar habitado por miles y desangelado por igual. Que se deshielen las varitas congeladas si quieren, no voy a hacer más magia para cenar con cuatro cosas en la nevera. Me llevo un bocata de tortilla, casi nada de orgullo, sal de ajo y aliento de vampiro.


Duele, duele más este destierro que la grava atenuante en los zapatos. Las pisadas llevan encima todo mi peso más lo que no contabiliza la bascula para no tener balances negativos en los suma y sigue. Y sigo yéndome, como acción empezada pero no concluida. Perfeccionista en los planos de los puntos finales, desastre al llevarlos a las tres dimensiones.


Se acabó, y me cuesta repetirlo, porque no me queda otra. Los ases bajo la manga son de bastos y aunque sólo sea un palo no se queda corto en los embistes. Todos los caminos desembocan en el mismo lado cuando te empujan. Del mismo del que cae la manteca de cerdo en rebanadas anchas de cuellos rotos. Usar goma aquí no sirve. Explota en tu culo igual.

Masco los embriones de las neuronas que me has matado para darles un mejor hogar, que no dulce porque noviembre chupó limones como para poner dientes largos y encías sensibles.


Al final hasta los cabezones acabamos entrando por el agujero de una pajita. Burra y jaqueca montando a lo dibujo de valkyria con tres de los celofanes despegados. No me quedan fuerzas para seguir trotando con los cascos, pero tengo que irme con la música a otra parte, despiezar las esquinas y encontrar algún ángulo recto sobre el que mantener el equilibrio. Los pinos que se hagan solos donde puedan plantarse más chulos que ocho alcornoques.


Volver a empezar a volver a empezar de cero. Quedo manida y sueno imposible. Estoy de manos atadas y mancas. Todo es incongruente y se queda en nada. Más de lo mismo aunque nada sea igual.

Llegó un momento en que creí que las despedidas podían cortarse y pegarse, borrarlas y hacer canasta, apuntarse los tantos y salir victorioso. Jamás me tragué lo de que fuera la definitiva. Ha pasado el último segundo, y no ha entrado. Salgo sin pompones, haciendo oídos sordos de los aplausos aunque agiten las manos en silencio.



Volver al final. Se acabó. Duele. Adiós. Me voy.

8 comentarios:

Unknown dijo...

La cuestión no es irse, si no dejar ir lo que no renta.
Para exigencias, las propias, que las reprimendas ya colmaron el vaso.

Eso de "tierra de por medio" habla más de indiferencia que de kilómetros.

Quiérote, fugitiva.

Anónimo dijo...

No huyas y afronta. A la larga siempre es mejor.

Besos.

Nanah dijo...

Nadie puede decirte donde ha de quedarse tu cuerpo, pero procura no dejarte nada si te marchas, como el alma, el corazón o los recuerdos.
Es un lazo invisible que se te engancha a los tobillos y te hace tropezar una y otra vez, una y otra vez...

Jobove - Reus dijo...

dando un garbeo por tu blog

saludos desde Reus

Dara dijo...

Pues llévate una maleta bien grande para meter todo lo que te encuentres por casa que te guste (roja, a poder ser, que las cosas se sienten más contentas dentro de una maleta roja)



(miau, gata
pelirroja)

Anónimo dijo...

pelo paprika

me fascina desde ya bastantes años como escribes

y te digo

no huyas afronta

o sea

aunque ya has dejado de escribir cosas tan especiales en mi blog por un estúpido encuentro fallido y mete patas q tuvimos pues

me apetece seguir leyéndote sabes

Búm dijo...

Vete, pero no te vayas sola.

Megatherium Adrián dijo...

Llegar ahora... soy bastante oportuno.