lunes, 29 de junio de 2009

No soy infiel, pero tampoco el reflejo de lo que me estás dando.


Noto como una de las agujas se me clava. Alguien debería haber desinfectado primero la manecilla, porque la corrosión se mezcla con el olor férreo de la sangre y empieza a heder de forma tangible a denso. Algo pegajoso en el aire, que gotea por los pelos de la nariz.

Intento distraerme de los lamentos de las venas, son realmente ruidosas cuando lloran en verso, y están empezando a desatinar sobre la fundición del queso de una lasaña como alegoría a los cuarenta grados de su vida sin sombra. Cuento baldosas, y cuando acabo, empiezo a imaginarme rostros pixelados haciendo combinaciones de los cuadrados. Ya estás aquí de nuevo. Maldita sea.

La carne del extremo contrario comienza a estirarse, tensa por una punta que quiere atravesarla, haciendo el recorrido entero. No hay peligro de despresurización como en un Boeing. Al menos aún coagulo y no saldría volando por un orificio más. El tiempo sí lo hace. Me lo recuerdas.

Desestructurarte ya no es un esparcimiento, sino una necesidad, como si fuera lo último no que me queda por hacer, sino que pueda. Es difícil no volver a verlo cuando te has formado la imagen, y no importa si lo cubres con algo. Los cuatro lados me han encerrado contigo mejor que en un círculo vicioso.

Ya no hay ocasión de limpiar las juntas, ni de separarlas con crucetas, y tus pedazos se me juntan ante las narices, en lo que ensucio todo en una fuente grotesca. Veo conejos blancos corriendo tras la reina de la noche.

Me caigo sobre la pared, y me pego a tus ojos, que me siguen mientras voy cayendo con la nariz como único punto de apoyo. Tus manos brillan como nácar, y sé que intentan cogerme, pero no hay películas sobre alfarería disponibles, y no alcanzas a traspasar el umbral de lo imaginario y el desvarío. Las esquinas de tus rincones comienzan a despedazarme. Eso sí, ¿no?
Tonta autodestructiva. Me cuarteo, desmenuzo, y muelo en harina.



¿Te apetece un poco de pizza?

No me vendría mal un masaje, y supongo que todavía puedo quedarme quince minutos más.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Si es sin orégano......

Anónimo dijo...

::te ofreces a mi
careces de tiempo
hecha trizas
te observo a través de una neblina
de suave harina
me hechizas envuelta en un patchwork
de sangre seca
un acre sabor ocupa el vacio
el espacio no existe
pero persiste entre nosotros
como punto de apoyo
te paso unas cremalleras
para juntar los pedazos
y espero serenamente::
al desenlazo...

Roberto Tega dijo...

Vaya puzzle...
Me quedo con piezas suelas, el resto forman un todo que me es ajeno y por lo tanto incomprensible.

Por cierto ¿guiño a Ghost? o soy yo que soy muy cursi...

Un beso

BLIS dijo...

me pasa como a tin, comprendo cosas y otras creo comprenderlas. La gran mayoria solo las admiro en su complejidad

Anónimo dijo...

Ojalá fuera divertido como demontar a Harry. Pero no, no lo es.

anselmo dijo...

ya no recuerdo cuando fué la ultima vez que me dieron un masaje...siempre me toca darlos a mi

Unknown dijo...

Opino como Tin. Un puzzle... y menudo puzzle. Dudo que alguien que no sea el que fabrico las piezas sepa montarlo.

Admirable y sorprendente, como siempre.

Un beso

Southmac dijo...

sangre, sangre, sangre y devastación.

Pero luego, por supuesto, un masaje.

Edito-e dijo...

No lo veo como un puzzle, lo veo más como una gatita que camina sobre un teclado ¿no?
Me gusta, está lleno de improvisación, es un huracán de ideas y emociones. Me inquieta, me gusta el surrealismo. También me ha gustado el baño de burbujas, la limpieza...aunque esperaba que todo terminase en orgasmo ...:)
uhmmm...linda gatita eh??