sábado, 1 de agosto de 2009

Estoy obligada a que los silencios incómodos me resulten cálidos.


En ningún momento me di cuenta de que estaba gritando, no me enteré de que los chillidos alarmaron a todas las habitaciones, ni de cómo el pasillo parecía una estampida que acabara desembocando en mi cuarto. No sabía que era blanco, de tanto que apretaba los ojos. No sabía que era frío, aunque estuviera de rodillas en el suelo, a punto de caer inerte por las fuerzas perdidas en un único puñetazo furioso que no acertó a ningún punto fijo en mi ceguera. No me di cuenta de una puta mierda porque sabía que en cuanto saliera de allí a la mañana siguiente todo sería igual, pero peor. Por eso me extrañé cuando el ruido paró, cuando la luz vino y cuando las rodillas se desentumecieron. Dejé de sentir y sentí, todo en un mismo instante, en el que noté que alguien me tapaba la boca para que no escupiera el valium, que otros cuatro me sujetaban para que dejara de forcejear y que un último se había dejado caer a pesar de lo que pudieran pensar, porque no era capaz ni de llorar ante lo que estaba viendo.


En un solo segundo sorprendí a todos los que me habían visto entrar por mi propio pie, haciendo gracias estúpidas para que sintieran que podía quitársele hierro al asunto, gesticulando sin esconder los vendajes manchados.


Por un instante dejé que me vieran fuera de esta coraza forjada a propósito transparente, me dejé salir, fui yo realmente.


Aunque siempre recordaran aquello como el día en que estuve fuera de mí misma, cada uno entenderá una cosa. Ellos hablarán de cabales, yo de una jaula en la que ruego porque nadie me pida que enseñe la patita.

8 comentarios:

Southmac dijo...

Bien. Suave y devastador.

No cometeré el error de preguntarte si las cosas van bien. Esto es literatura, esto es la blogosfera, donde nada es lo que parece. Donde las palabras toman el mando mucho antes que lo que cuentan.

Anónimo dijo...

Estupendo escrito, niña..

Roberto Tega dijo...

A veces hay que salir y ser uno mismo.

Mua

BLIS dijo...

Me alegro de que las letras vuelvan, aunque dejen un sabor amargo. Ya estas por aqui, si quieres quedar algun dia por el centro dime, que entre trabajo y trabajo tengo tiempo

Anónimo dijo...

¿qué ha pasado??

es muy bueno este cuento de terror pero...

mi casa de la sierra sigue en obras

he alquilado un aptmto enano para salir del paso...

estos ataques que tu describes he tenido uno, dos hasta 3

no me gustan

espero que estes bien

beso dulce

Liz Marin dijo...

genial y sobrecogedor


besitosssss

Anónimo dijo...

A mí los hospitales han llegado a resultarme sitios hasta acogedores.

mifuriaparanoica dijo...

color blanco
sensación aséptica
sabor a pastilla en la boca

muchas sensaciones :)