
Hablábamos como tres horas diarias, sin contar con el continuo intercambio de correos y mensajes de móvil. Uña y carne, y hasta padrastros.
No me consideraba un paño de lágrimas, pero había días duros. Quería echarlo todo por tierra, y meterse ella por debajo. A veces era tirándose desde un séptimo piso, otros comiendo matarratas y, los que más, con ganas de cortarse las venas. Fueron siete los intentos que le registraron en el hospital, pero yo sospechaba que había más. Sábados y festivos.
Solía decir que era su mini-yo y aunque me gustaba por lo mucho que la quería, también me aterraba. Comprendía lo que me pasaba y mi modo de pensar porque ya había vivido mi vida, una década atrás. No quería acabar igual, pero al terminar cada conversación, tenía el pálpito de que repetiría más que patrones de costura.
Me estaba lavando el cerebro, y no ayudaba que yo me desnudase a su paso.
Yo, por mi parte, estaba en un mal momento. En realidad era uno bastante recurrente, pero se le sumó el vaso colmado con el grano de arena y el borde del acantilado. No es que sea muy influenciable, pero sí inflamable. Y me estaba consumiendo.
Llegó un momento en que hasta me pidieron que no mantuviéramos más el contacto, pero oh vamos, no podía abandonarme en el futuro. No fue así al contrario. Ella sí lo haría.
Hubo una madrugada que la necesité. La primera vez que me derrumbaba. La ocasión requería dejarse de machitos, o más bien, asumir que los has dejado.
A mitad de las lágrimas y tres cuartos de los mocos, me colgó.
No me consideraba un paño de lágrimas, pero había días duros. Quería echarlo todo por tierra, y meterse ella por debajo. A veces era tirándose desde un séptimo piso, otros comiendo matarratas y, los que más, con ganas de cortarse las venas. Fueron siete los intentos que le registraron en el hospital, pero yo sospechaba que había más. Sábados y festivos.
Solía decir que era su mini-yo y aunque me gustaba por lo mucho que la quería, también me aterraba. Comprendía lo que me pasaba y mi modo de pensar porque ya había vivido mi vida, una década atrás. No quería acabar igual, pero al terminar cada conversación, tenía el pálpito de que repetiría más que patrones de costura.
Me estaba lavando el cerebro, y no ayudaba que yo me desnudase a su paso.
Yo, por mi parte, estaba en un mal momento. En realidad era uno bastante recurrente, pero se le sumó el vaso colmado con el grano de arena y el borde del acantilado. No es que sea muy influenciable, pero sí inflamable. Y me estaba consumiendo.
Llegó un momento en que hasta me pidieron que no mantuviéramos más el contacto, pero oh vamos, no podía abandonarme en el futuro. No fue así al contrario. Ella sí lo haría.
Hubo una madrugada que la necesité. La primera vez que me derrumbaba. La ocasión requería dejarse de machitos, o más bien, asumir que los has dejado.
A mitad de las lágrimas y tres cuartos de los mocos, me colgó.
No volví a saber de ella en un año.
Pasado ese tiempo, entró de lleno de nuevo. Estaba en apuros, y cómo no, la seguía queriendo. Me gusta comerme las rocas después de tropezarme. Volví a la costumbre de tumbarme en la cama nada más saber que era suya la llamada. Que las varices salgan de trabajar tiene un pase, pero no por esperar tres horas a que la gorda dejase de cantar.
Esto siguió así hasta que quedé con uno de sus mayores quebraderos de cabeza, dispuesta a romperle la boca. Pero debí leer mal alguna instrucción y acabé comiéndomela. Me lié y alié con el enemigo.
Pareció entenderlo, aunque le costase un par de segundos soltar el aire que se le había quedado retenido con mi narración de la secuencia. O era buena oradora, o era ella quien estaba rezando a todo lo que se le ocurriese con tal de pensar que no podía ser verdad.
Con un par de noches de sueño, todo volvió a nuestra rutina de auriculares y colchones deshechos.
Volvió hasta que se fue. Otra vez.
Desaparecida.
Tuve la certeza de que en esta ocasión sería para siempre, más que un pálpito. Pero aunque así fuese, necesitaba saber que al menos sería con vida. Era aficionada a la teletienda, y ya se sabe que cuanto antes se llame, más cuchillos entran en el lote.
Hice correr la voz, boca a boca, hasta llegar a la que me había agenciado. Entonces me confesó la verdad.
Sabía por qué desapareció la primera ves. Fue tras mi llamada llorando, que al colgar le preguntó qué me pasaba. Sólo le contestó: es una puta niñata y no me aporta nada.
Sólo eso.
Poco a poco me fue desgranando la vida que se había inventado. Son ejemplos sin importancia que no le hubiera visto jamás ni una sola marca, curioso para al que se le replegaron los tendones hasta el codo por rajarse… O que le pegase cuando hizo las maletas.. Son ejemplos sin importancia. Había más. Mucho más.
Aún hoy ni entiendo para qué me estaba utilizando.
Me metí la preocupación por cualquier poro que entrase, si es que no se me había evaporado toda. Había pasado a la ira.
Quería encontrarla, más que nunca. Por mucho que huyese esta vez, no me olvidaría tan fácilmente.
(94-334-66…)
- ¿Nerea?
- ¿De parte de quién?
- La gata
Un momento. Y otro.
- No, no está.
- ¿Qué cojones….? Oiga, sino no habría preguntado mi nombre.
- No está, ya no vive aquí. Vivía, pero se mudó. Ahora es mi casa.
- No me toque lo que no tiene derecho ni huevos a tocarme. No sé ni quien es ni me importa, pero antes de que me explote la vena, déjeme decirle que es el peor mentiroso que he escuchado en mi vida. Por su bien que no tenga asuntos con la policía.
- ¿Eres policía? Yo… yo no he hecho nada.
-Joooooder. Póngame con Nerea de una puta vez.
- Esto… no, Nerea se fue.
- Muy bien.
Cuelgo. Un momento y la vena hizo pum.
Vuelvo a marcar.
- ¿Sí?
- Mire, soy la de antes, y no me da la gana dejarlo correr. Por su bien, o al menos el de la salud de su oído, deje de hacerle de muro de contención. Podría decirle cómo terminaron los otros… Es una chica agresiva. Y está loca. Aunque usted seguro que ya ha empezado a notar cosas raras.
- Señora, no sé de quién me hablas. No conozco a ninguna Nerea, así que déjame en paz. Por favor.
- Está bien, pedazo de imbécil, pero escuche bien lo que le voy a decir, ya puede tener buena memoria o un papel a mano, me da igual, pero no lo pienso repetir. Dígale que lo sé todo. TODO. Y que esa maldita hija de perra no se preocupe por mí, que no volverá a tener noticias, pero que tenga cuidado. La están buscando, y sé de buena tinta que a ellos no se les engaña sin consecuencias.
Click.

17 comentarios:
Joder, que historia mas descarnada por Dios. Solo espero que sea un relato.
Uh... acabas de darme un poco de miedito.
Pensaré en tí cuando ascienda al control mundial, vales para esto!xD
Muas!
JOjJojOJ.. laberinto cualquiera, cualquiera se mete
contigo
besos!
pelirroja
tenemos algo en común
esta historia me suena...
si necesitas ayuda, conozco un par de maroquiés...
me has reír de todas formas: los cuchillos de la teletienda, jaaa
tuve obsesión una temporada por esos cuchillos...
jaaa
uno de mis amantes es osteópata/masajista...ja
pués...
no te cambies de acera, en el medio se está bien...
y...
te vas a tener que acostumbrar a mis fotos...
he leído en el neo2 que los autoretratos están de moda...jaaa
este verano te invitaré a este lugar de las fotos y podrás saciar tu hambre y yo adorar tu pelo de paprika...ja
ja
morada vaya juego de palabra triple...
te vas a encontrar a gusto en el ambiente virginal de las mamás de la sierra...ja
beso de labios y uñas moradas
Joer.......
¿Qué es lo único bueno que puede pasar cuando alguien te destroza el corazón y/o la vida?
Que nadie te culpará moralmente por las consecuencias de sus actos y, además, podrás alegar enagenación mental!
¡Todo son ventajas!
Pelirrojísima
Madre mia, que paranoico O.O
En serio, me gusta lo que escribes y como lo escribes, pero siempre me quedo con la sensacion de que quieres decir algo muy distinto de lo que yo estoy pensando :S
En fin, feliz comienzo de mes
Un beso
PD: Al Metalway? Pues si que lo tenía pensado, pero otra cosa es que al final vaya. Iba a ir este sábado a Madrid a ver a Kamelot y se me frustraron los planes... a ver si puedo compensarlo con el segundo finde del Metalway xD
Que trabajo cuesta darnos cuenta de como son algunas de las personas que tenemos a nuestro alrededor...
"Que las varices salgan de trabajar tiene un pase, pero no por esperar tres horas a que la gorda dejase de cantar."
Me encanta tu estilo.
Un saludo
me encanta lo agresiva que puedes ser en tus textos. Hay mucha pasión, aunque creo que tambien desamor, y eso preferiria que no lo vivieras. Ya sabes, me caes bien y eso...
Parece que mi tocaya era un desastre.
Madre mía con la historia!
Un beso
Maldita Nerea...
¿Y al final de todo consiguió volver a tenerla frente a frente?
un miau, gata roja
Esas llamadas son como los ceros. Redondos, vacíos. :)
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