miércoles, 8 de septiembre de 2010

- No puedes seguir así, necesitas una vida, y no esto que estás haciendo. No sé cómo cojones se te ha metido en la cabeza que vales menos que nadie.



Me he levantado empastillada en un intento de dejar un momento de atragantarme pensamientos atropellados. Entre las lágrimas, los temblores y gritos, entre todo ese mejunje que te hace arquearte, como si de repente tu cuerpo pesara demasiado y los huesos no fueran otra cosa que plastilina; vas cayendo tiritando, y te quedas como un caganet muerto de frío en un puesto de Plaza de España en navidad. Qué otra cosa podía hacer que darme un respiro, si llegué ahí por no ser capaz de tomar ni una puta decisión ni una pala para despegar todos los meollos del suelo. La ves ahí, descatalogada de todo informe médico, y no tienes ganas de comer, así que para qué buscar recetas. Me la tragué sin necesidad de un coro sosteniendo un embudo conectado a un barril, pero nada. Ni por asomo el atisbo de felicidad artificial.

Lo único que ha pasado es que he abierto una botella nueva de leche cuando ya había una entera en la nevera. Pero ahí siguen los problemas, completamente claros, quizá dando vueltas a algunas revoluciones menos. He llorado sin temblores y pensado que dónde narices estaba la mejora.


Debo ser yo, que nunca me voy a perdonar el que nunca vaya a hacer nada por cambiarlo.




Lo difícil no es pedir ayuda, sino a quién hacerlo cuando sabes que sólo tú puedes sacarte de ahí.

(Pero yo no puedo)

[(SOCORRO)]

7 comentarios:

Julia dijo...

esto no es solo literatura, cielo, eres una cabezota...
una misma no puede sacarse siempre sola de los boquetes, eso sería injusto y extenuante hasta la muerte, tarde o temprano...

pídela

Jud dijo...

pídela cuando más la necesites, quizás no directamente... quizás con la mirada, con los labios, con la manera en que te mueves.. y si no, seguro que eres valiente y puedes ayudarte a ti misma... solo confía en ti, cierra los ojos, respira fuerte, ten fe... y repítete que puedes hacerlo.

que seguro que puedes

LatitadeAlmendras dijo...

ay, ay, ay! cómo te entiendo! a mi también me cuesta pedir ayuda, y es eso, porque sé que soy la que me tiene que sacar de ahí...aunque si es verdad que los demás nos pueden hacer esto más liviano, no?

saludos!

Dara dijo...

¡vamos, valiente, que los gatos siempre caen de pie! y si maullas fuerte siempre hay alguien que te escucha. (vale, no, en realidad es mentira, pero la cosa más bien es echar las bolas de pelo, pasar la escoba y caminar todo lo recta que se pueda, así que los maullidos van para una misma, a ver si a base de gritos cambiamos la postura y las cosas, ya de paso)

pd: tengo la sensación de que ni yo he entendido qué acabo de escribir. igual debería haberlo maullado.

Nanah dijo...

Qué vacíos están los nombres en el teléfono cuando no hay ninguna voz en especial que quieras oír.
Que sólo nos responde el eco.
Somos lo peor, nuestros propios verdugos y, encima, consentidos.
Nos ahogaremos en nuestras penas. ¿Es necesario?
Donde duele inspira, por eso hacemos lo que hacemos.

Always trágicas!

Anónimo dijo...

jaja
es un placer leerte los giros q das a las palabras
me vuelve loca abrir nuevas botellas de leche
cada marca tiene su sabor jaja

la autoestima es un tema complicado
tal vez es creer en uno mismo estar a gusto con uno mismo ser fiel a uno mismo

me sigue gustando la imagen tuya en ese chandal blanco corriendo por tu pueblo ya sé q es mi mono tema pero el deporte de fondo no sólo pone acero en los músculos sino también en la cabeza
y lo q más se agradece es el oxigeno
el vacio de malos rollos y de toxinas

las q somos de reflexionar necesitamos vaciar la papelera!!!

Pep dijo...

Es curioso como la soledad nos hace tan exigentes con los sentimientos hacia uno, de los demás. A veces creemos que pedir ayuda es molestar y acabamos siendo animales irracionales en peligro de extinción y todo por no molestar. Aunque fusionamos los sentimientos con la exigencia y la extinción, por eso acabamos solos gritando en voz alta un S.O.S algo irreal creyendo que alguien nos escucha.